
Los Ministerios de Trabajo e Interior de Francia emitieron en abril de 2026 una instrucción conjunta, detallada públicamente el 12 de mayo por Centre Inffo, que recalibra el proceso de integración para los recién llegados de terceros países. La circular establece que, a partir de 2026, los titulares de permisos de residencia plurianuales deben alcanzar al menos el nivel A2 en francés, mientras que los solicitantes de la tarjeta de residente de diez años deben obtener el nivel B1; además, las prefecturas deberán verificar los certificados antes de emitirlos. Para cumplir con este nuevo requisito, la instrucción encomienda a la OFII (Oficina Francesa de Inmigración e Integración) la expansión de su red de formación lingüística mediante alianzas con autoridades regionales, OPCOs y grupos empresariales. Se creará un nuevo fondo que priorizará las clases fuera del horario laboral habitual para que los empleados con turnos puedan asistir sin perder salario.
Para migrantes o empleadores que deban cumplir con estos nuevos requisitos de residencia y lengua, el portal de VisaHQ para Francia (https://www.visahq.com/france/) ofrece listas de verificación paso a paso, herramientas para el seguimiento de documentos y soporte experto que facilitan desde la solicitud de visados hasta la renovación de permisos, asegurando que los certificados y plazos estén en regla mucho antes de las revisiones prefecturales.
El segundo pilar vincula la integración con las necesidades del mercado laboral. Los comités locales de empleo deben alinear la oferta formativa con los “métiers en tension” —ocupaciones en déficit como construcción, logística y servicios de cuidado. Ya se ha lanzado un programa experimental de aprendizaje para refugiados y migrantes primerizos en cinco regiones, que permite a candidatos de hasta 29 años cobrar un salario mientras obtienen una cualificación francesa. Para las empresas, esta política implica tanto obligaciones como oportunidades. Los empleadores deben garantizar a los trabajadores alófonos el derecho a formación lingüística durante la jornada laboral, parcialmente financiada por las cotizaciones profesionales, pero también obtienen una vía más clara para mejorar las competencias del personal y cubrir vacantes. Los equipos de movilidad deben identificar qué empleados necesitarán certificación lingüística antes de futuras renovaciones de permiso y presupuestar los costes de los cursos en consecuencia. La instrucción también anticipa una aplicación más estricta: se ha ordenado a las prefecturas rechazar renovaciones sin evidencia lingüística y acelerar las expulsiones de trabajadores temporales incumplidores una vez agotadas las vías legales. Por ello, las empresas que reciban trabajadores desplazados deben programar la evaluación lingüística al inicio de la asignación para evitar sorpresas de última hora.
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El segundo pilar vincula la integración con las necesidades del mercado laboral. Los comités locales de empleo deben alinear la oferta formativa con los “métiers en tension” —ocupaciones en déficit como construcción, logística y servicios de cuidado. Ya se ha lanzado un programa experimental de aprendizaje para refugiados y migrantes primerizos en cinco regiones, que permite a candidatos de hasta 29 años cobrar un salario mientras obtienen una cualificación francesa. Para las empresas, esta política implica tanto obligaciones como oportunidades. Los empleadores deben garantizar a los trabajadores alófonos el derecho a formación lingüística durante la jornada laboral, parcialmente financiada por las cotizaciones profesionales, pero también obtienen una vía más clara para mejorar las competencias del personal y cubrir vacantes. Los equipos de movilidad deben identificar qué empleados necesitarán certificación lingüística antes de futuras renovaciones de permiso y presupuestar los costes de los cursos en consecuencia. La instrucción también anticipa una aplicación más estricta: se ha ordenado a las prefecturas rechazar renovaciones sin evidencia lingüística y acelerar las expulsiones de trabajadores temporales incumplidores una vez agotadas las vías legales. Por ello, las empresas que reciban trabajadores desplazados deben programar la evaluación lingüística al inicio de la asignación para evitar sorpresas de última hora.
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