
Amnistía Internacional (AI) ha emitido un comunicado excepcionalmente contundente en el que insta al gobierno español a trasladar sin demora a los residentes más vulnerables de los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) en Ceuta y Melilla al territorio peninsular.
En su informe del 21 de diciembre de 2025, AI señala que mujeres embarazadas, personas con discapacidad, solicitantes de asilo LGBTIQ+, víctimas de trata y tortura, así como familias con niños en edad escolar, están “en riesgo elevado de violaciones de derechos” debido a que los CETI de ambos enclaves operan frecuentemente por encima de su capacidad oficial de 512 plazas en Ceuta y 686 en Melilla. La ONG denuncia hacinamiento crónico, atención médica y psicológica insuficiente, y criterios poco claros para decidir quiénes son trasladados a la península.
AI también destaca un cambio en el perfil de los llegados: mientras Ceuta sigue recibiendo mayoritariamente a nacionales subsaharianos y magrebíes que suelen entrar por mar, Melilla acoge ahora a un número creciente de solicitantes de asilo latinoamericanos que llegan en avión vía Madrid o Barcelona, pero presentan sus solicitudes en el enclave para evitar las largas listas de espera en la península.
Para viajeros, asignados y equipos de recursos humanos que necesitan estar al día con estos cambios rápidos, el portal de VisaHQ para España (https://www.visahq.com/spain/) ofrece orientación en tiempo real sobre normas de entrada, permisos humanitarios y visados estándar de trabajo o residencia, además de servicios de recogida, presentación y mensajería de documentos que pueden ayudar a minimizar retrasos ante cambios abruptos en las políticas gubernamentales.
Más allá de las condiciones de hacinamiento, AI documenta denuncias de devoluciones “en caliente” en el mar y trato desigual dentro de los centros. La organización sostiene que España carece de un marco legal claro que establezca cuándo deben realizarse los traslados, lo que abre la puerta a decisiones “arbitrarias y discriminatorias”.
Para las empresas con empleados transfronterizos o plantillas móviles, el informe es un recordatorio de que las preocupaciones humanitarias pueden convertirse rápidamente en focos políticos que influyen en la agenda migratoria española. Si Madrid responde con traslados acelerados —como ha ocurrido tras presiones anteriores de ONG—, los responsables de movilidad corporativa podrían ver una dispersión más rápida de trabajadores que obtengan permisos humanitarios u otros de residencia. Por el contrario, la inacción prolongada podría alimentar litigios y riesgos reputacionales para las empresas percibidas como beneficiarias de políticas consideradas abusivas.
En la práctica, los especialistas en reubicación deberían estar atentos a cualquier resolución del Ministerio del Interior en los próximos días; una oleada repentina de traslados desplazaría la carga de trabajo a las redes de acogida peninsulares en Andalucía, Madrid y Cataluña, lo que podría alargar los tiempos de tramitación de autorizaciones regulares de residencia y trabajo en esas regiones. Los empleadores que envíen personal a Ceuta o Melilla también deberían revisar sus protocolos de cuidado, dada la deteriorada situación de los centros descrita por AI.
En su informe del 21 de diciembre de 2025, AI señala que mujeres embarazadas, personas con discapacidad, solicitantes de asilo LGBTIQ+, víctimas de trata y tortura, así como familias con niños en edad escolar, están “en riesgo elevado de violaciones de derechos” debido a que los CETI de ambos enclaves operan frecuentemente por encima de su capacidad oficial de 512 plazas en Ceuta y 686 en Melilla. La ONG denuncia hacinamiento crónico, atención médica y psicológica insuficiente, y criterios poco claros para decidir quiénes son trasladados a la península.
AI también destaca un cambio en el perfil de los llegados: mientras Ceuta sigue recibiendo mayoritariamente a nacionales subsaharianos y magrebíes que suelen entrar por mar, Melilla acoge ahora a un número creciente de solicitantes de asilo latinoamericanos que llegan en avión vía Madrid o Barcelona, pero presentan sus solicitudes en el enclave para evitar las largas listas de espera en la península.
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Para las empresas con empleados transfronterizos o plantillas móviles, el informe es un recordatorio de que las preocupaciones humanitarias pueden convertirse rápidamente en focos políticos que influyen en la agenda migratoria española. Si Madrid responde con traslados acelerados —como ha ocurrido tras presiones anteriores de ONG—, los responsables de movilidad corporativa podrían ver una dispersión más rápida de trabajadores que obtengan permisos humanitarios u otros de residencia. Por el contrario, la inacción prolongada podría alimentar litigios y riesgos reputacionales para las empresas percibidas como beneficiarias de políticas consideradas abusivas.
En la práctica, los especialistas en reubicación deberían estar atentos a cualquier resolución del Ministerio del Interior en los próximos días; una oleada repentina de traslados desplazaría la carga de trabajo a las redes de acogida peninsulares en Andalucía, Madrid y Cataluña, lo que podría alargar los tiempos de tramitación de autorizaciones regulares de residencia y trabajo en esas regiones. Los empleadores que envíen personal a Ceuta o Melilla también deberían revisar sus protocolos de cuidado, dada la deteriorada situación de los centros descrita por AI.
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