
El 6 de abril, el ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, ordenó a la Policía Federal desplegar 3.000 agentes adicionales en las fronteras terrestres y reforzar el rechazo de personas sin documentación. Según informa Berlin Today, esta medida duplica la capacidad de la policía antidisturbios y extiende los controles aleatorios, que hasta ahora se realizaban en la frontera con Austria, a todas las fronteras vecinas, incluyendo los 810 km de cruce con la República Checa. Para las decenas de miles de checos que viajan diariamente a trabajar en Baviera y Sajonia, esta directiva amenaza con generar colas más largas y tiempos de viaje impredecibles.
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Los operadores logísticos que transportan piezas automotrices entre fábricas checas y plantas de ensamblaje alemanas se preparan para posibles retrasos en los horarios; las entregas just-in-time ya estaban bajo presión debido a las prohibiciones de circulación de camiones durante la Semana Santa. La política también complica las evaluaciones de riesgo de viaje para multinacionales con sede en Praga. Los titulares de tarjetas de empleado que viven en ciudades fronterizas checas pero vuelan desde Múnich o Dresde podrían enfrentar controles documentales más exhaustivos y preguntas sobre el motivo de su estancia, lo que añade variabilidad a los tiempos de tránsito puerta a puerta. Los sindicatos policiales alemanes han exigido claridad legal sobre el rechazo inmediato de solicitantes de asilo, mientras que Bruselas se espera que analice la proporcionalidad de las medidas bajo las normas Schengen. Hasta ahora, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Praga solo ha emitido una instrucción de “monitorear y reportar” a sus consulados. Se recomienda a las empresas con personal transfronterizo actualizar sus políticas de desplazamiento y contemplar tiempos de margen para el transporte por carretera.
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