
El Consejo de Ministros de Bélgica ha reavivado un intenso debate migratorio al aprobar—en segunda lectura—un proyecto de ley que permitiría a los agentes de policía acompañar a funcionarios de la Oficina de Inmigración en entradas a domicilios privados para detener a extranjeros no comunitarios que hayan ignorado una orden de expulsión ejecutable. El proyecto, aprobado el 3 de abril y publicado el 7 de abril, modifica la Ley de Inmigración de 1980 añadiendo un nuevo Artículo 74/7 §1 que autoriza la entrada si se cumplen tres condiciones acumulativas: que el extranjero esté sujeto a una decisión definitiva de retorno, se niegue a cooperar y se considere una amenaza para el orden público o la seguridad nacional. La entrada requeriría autorización previa de un juez de instrucción y las operaciones deberán realizarse entre las 5 a.m. y las 9 p.m.
Personas y empleadores que quieran anticiparse a las cambiantes normativas migratorias en Bélgica pueden utilizar el portal especializado de VisaHQ (https://www.visahq.com/belgium/) para consultar categorías de visados, requisitos de permisos de residencia y actualizaciones de cumplimiento. Este servicio simplifica la gestión documental y ofrece asesoría experta, ayudando a viajeros y equipos de recursos humanos a evitar errores que podrían derivar en problemas legales bajo la nueva ley propuesta.
Los defensores—liderados por la ministra de Asilo y Migración Anneleen Van Bossuyt (N-VA) y la ministra de Justicia Annelies Verlinden (CD&V)—sostienen que está en juego la credibilidad de Bélgica. Actualmente, se ejecuta menos de una de cada tres órdenes de retorno, principalmente porque la policía no puede entrar en domicilios cuando las puertas están cerradas. Las federaciones empresariales señalan que la ineficacia en las devoluciones ha erosionado el apoyo público a los programas de migración laboral, de los que dependen las empresas para cubrir vacantes de talento. Por su parte, grupos de la sociedad civil y varios partidos de la oposición califican la propuesta como un precedente peligroso. El artículo 15 de la Constitución belga declara la inviolabilidad del domicilio, y los críticos advierten que ampliar los poderes policiales—aunque con orden judicial—podría suponer intrusiones desproporcionadas en la vida privada protegida por el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Señalan que una iniciativa similar en 2018 fracasó tras el dictamen del Consejo de Estado que destacó la falta de garantías adecuadas.
El impacto práctico dependerá del Parlamento, que debe debatir y aprobar el texto tras un nuevo dictamen del Consejo de Estado, previsto para finales de abril. De aprobarse, empleadores y proveedores de servicios de reubicación deberán informar al personal extranjero sobre la mayor rigurosidad en la aplicación y verificar que sus documentos de residencia estén vigentes para evitar detenciones inesperadas. El proyecto también envía una señal a las multinacionales de que Bélgica se alinea con la tendencia europea hacia políticas de retorno más estrictas, ya visible en países vecinos como Países Bajos y Francia. Por ahora, las empresas deberían incluir una evaluación de “riesgo de retorno” en sus auditorías de cumplimiento, contar con asesoría legal disponible en caso de procesos de expulsión y seguir de cerca las enmiendas parlamentarias que podrían restringir o ampliar el alcance del proyecto. Independientemente del resultado, el debate pone de manifiesto cómo la aplicación de la ley migratoria y los derechos fundamentales se están convirtiendo en una línea divisoria clave en la política belga de cara a las elecciones federales de 2027.
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Los defensores—liderados por la ministra de Asilo y Migración Anneleen Van Bossuyt (N-VA) y la ministra de Justicia Annelies Verlinden (CD&V)—sostienen que está en juego la credibilidad de Bélgica. Actualmente, se ejecuta menos de una de cada tres órdenes de retorno, principalmente porque la policía no puede entrar en domicilios cuando las puertas están cerradas. Las federaciones empresariales señalan que la ineficacia en las devoluciones ha erosionado el apoyo público a los programas de migración laboral, de los que dependen las empresas para cubrir vacantes de talento. Por su parte, grupos de la sociedad civil y varios partidos de la oposición califican la propuesta como un precedente peligroso. El artículo 15 de la Constitución belga declara la inviolabilidad del domicilio, y los críticos advierten que ampliar los poderes policiales—aunque con orden judicial—podría suponer intrusiones desproporcionadas en la vida privada protegida por el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos. Señalan que una iniciativa similar en 2018 fracasó tras el dictamen del Consejo de Estado que destacó la falta de garantías adecuadas.
El impacto práctico dependerá del Parlamento, que debe debatir y aprobar el texto tras un nuevo dictamen del Consejo de Estado, previsto para finales de abril. De aprobarse, empleadores y proveedores de servicios de reubicación deberán informar al personal extranjero sobre la mayor rigurosidad en la aplicación y verificar que sus documentos de residencia estén vigentes para evitar detenciones inesperadas. El proyecto también envía una señal a las multinacionales de que Bélgica se alinea con la tendencia europea hacia políticas de retorno más estrictas, ya visible en países vecinos como Países Bajos y Francia. Por ahora, las empresas deberían incluir una evaluación de “riesgo de retorno” en sus auditorías de cumplimiento, contar con asesoría legal disponible en caso de procesos de expulsión y seguir de cerca las enmiendas parlamentarias que podrían restringir o ampliar el alcance del proyecto. Independientemente del resultado, el debate pone de manifiesto cómo la aplicación de la ley migratoria y los derechos fundamentales se están convirtiendo en una línea divisoria clave en la política belga de cara a las elecciones federales de 2027.
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