
Esta mañana, el Tribunal Constitucional de Italia concluyó las audiencias sobre la legalidad de la Ley 74/2025, conocida como el “Decreto Tajani”, que impone estrictos límites generacionales para reclamar la ciudadanía italiana por descendencia (jure sanguinis). Los demandantes argumentaron que la ley elimina retroactivamente un derecho adquirido al nacer, violando principios de igualdad y la jurisprudencia de la UE. Por su parte, el gobierno defendió que estas restricciones son necesarias para frenar el “turismo de pasaportes” y aliviar la carga de los consulados. El caso tiene gran impacto para la diáspora italiana de ocho millones de personas y la industria de movilidad que la respalda. Desde 2022, la demanda de citas para reconocimiento de ciudadanía se ha disparado, impulsada por el teletrabajo y regímenes de incentivos fiscales. El decreto de 2025 limitó la elegibilidad hasta la tercera generación, estableció nuevos plazos documentales y congeló las solicitudes mientras se evaluaba su constitucionalidad, generando un retraso estimado en 360,000 expedientes. Durante la audiencia de cuatro horas, los jueces cuestionaron al Estado sobre por qué no se optó por medidas menos restrictivas, como aumentar las tasas de solicitud o implementar procesos digitales.
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Los informes amicus curiae de Brasil, Argentina y Estados Unidos señalaron una posible discriminación contra comunidades cuyos antepasados italianos emigraron antes de la Segunda Guerra Mundial. Observadores destacaron el interés del Tribunal en determinar si el decreto implica una “revocación implícita” ilegal de una ciudadanía ya poseída pero no reconocida. Se espera un fallo para abril. Si el decreto es anulado, los consulados deberán reabrir sus agendas y podrían enfrentar una avalancha de solicitudes que supere su capacidad de captura biométrica. Las empresas que usan la ciudadanía por descendencia como herramienta de movilidad laboral —especialmente para desplazar personal latinoamericano a proyectos en la UE— deben seguir de cerca la evolución y preparar la documentación desde ahora. En cambio, si la ley se mantiene, miles de aspirantes deberán optar por visas de trabajo o inversión, lo que modificará la demanda de permisos de residencia italianos y regímenes fiscales. En cualquier caso, la decisión redefinirá el panorama de la ciudadanía en Italia y podría influir en los debates europeos sobre la naturalización basada en la ascendencia.
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