
La Compañía del Aeropuerto de Bruselas confirmó el 27 de enero que los gobiernos flamenco y federal han iniciado formalmente el procedimiento europeo de ‘Enfoque Equilibrado’ (Balanced Approach, BA) para la gestión del ruido aeronáutico. Este paso es crucial: en julio de 2024, el Consejo de Resolución de Permisos de Bélgica anuló el permiso ambiental previo del aeropuerto, al determinar que los límites impuestos a los movimientos de vuelos y operaciones nocturnas se establecieron sin completar antes las consultas del BA requeridas por el Reglamento de la UE 598/2014. La anulación no detuvo las operaciones del aeropuerto, pero dejó al hub sin una licencia operativa a largo plazo válida más allá de junio de 2029.
El proceso BA recién iniciado se desarrollará en cuatro fases: evaluación del impacto acústico, consulta sobre posibles medidas (desde aviones más silenciosos hasta restricciones operativas), análisis coste-beneficio y decisión formal. En la mesa estarán el Aeropuerto de Bruselas, las aerolíneas, el proveedor de control aéreo Skeyes, municipios locales y grupos de residentes. El calendario es ajustado: las autoridades buscan acordar un permiso legalmente sólido mucho antes del 30 de junio de 2029 para garantizar certeza en la planificación de las aerolíneas en cuanto a flotas y rutas.
Por qué esto importa para los gestores de movilidad global: sin un permiso válido, el crecimiento de capacidad del aeropuerto (y potencialmente ciertos slots nocturnos de vuelos de larga distancia) podría congelarse, limitando la disponibilidad de asientos para empleados desplazados y viajeros corporativos. El proceso BA ofrece una vía para equilibrar la conectividad con las preocupaciones comunitarias, pero aún podría resultar en nuevos límites de slots, rutas de despegue más empinadas o tarifas de aterrizaje más altas para aviones más ruidosos, costos que las aerolíneas podrían trasladar a los pasajeros.
Para los planificadores de viajes que manejan estas incertidumbres, el portal de VisaHQ para Bélgica (https://www.visahq.com/belgium/) puede eliminar al menos una variable de la ecuación. La plataforma agiliza las solicitudes de visados Schengen, permisos de trabajo y residencia, ofrece seguimiento en tiempo real del estado de las solicitudes y emite alertas sobre cambios regulatorios que puedan afectar los itinerarios, ayudando a las empresas a mantener sus asignaciones en calendario incluso si las futuras normas sobre ruido modifican la disponibilidad de vuelos en el Aeropuerto de Bruselas.
Las empresas con programas de movilidad hacia Bélgica deberían (1) seguir de cerca los hitos de la consulta; (2) participar a través de organismos sectoriales como BECI o la Cámara de Comercio Americana en Bélgica para defender asignaciones de slots predecibles; y (3) planificar rutas alternativas vía Ámsterdam o París en caso de que la capacidad se vea limitada en temporadas altas.
Para el mercado aéreo europeo en general, el caso de Bruselas será observado con atención: es uno de los primeros grandes hubs obligados a repetir un procedimiento BA tras una anulación judicial, y su resultado podría sentar precedentes para otros aeropuertos sensibles al ruido como Dublín y Viena.
El proceso BA recién iniciado se desarrollará en cuatro fases: evaluación del impacto acústico, consulta sobre posibles medidas (desde aviones más silenciosos hasta restricciones operativas), análisis coste-beneficio y decisión formal. En la mesa estarán el Aeropuerto de Bruselas, las aerolíneas, el proveedor de control aéreo Skeyes, municipios locales y grupos de residentes. El calendario es ajustado: las autoridades buscan acordar un permiso legalmente sólido mucho antes del 30 de junio de 2029 para garantizar certeza en la planificación de las aerolíneas en cuanto a flotas y rutas.
Por qué esto importa para los gestores de movilidad global: sin un permiso válido, el crecimiento de capacidad del aeropuerto (y potencialmente ciertos slots nocturnos de vuelos de larga distancia) podría congelarse, limitando la disponibilidad de asientos para empleados desplazados y viajeros corporativos. El proceso BA ofrece una vía para equilibrar la conectividad con las preocupaciones comunitarias, pero aún podría resultar en nuevos límites de slots, rutas de despegue más empinadas o tarifas de aterrizaje más altas para aviones más ruidosos, costos que las aerolíneas podrían trasladar a los pasajeros.
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Las empresas con programas de movilidad hacia Bélgica deberían (1) seguir de cerca los hitos de la consulta; (2) participar a través de organismos sectoriales como BECI o la Cámara de Comercio Americana en Bélgica para defender asignaciones de slots predecibles; y (3) planificar rutas alternativas vía Ámsterdam o París en caso de que la capacidad se vea limitada en temporadas altas.
Para el mercado aéreo europeo en general, el caso de Bruselas será observado con atención: es uno de los primeros grandes hubs obligados a repetir un procedimiento BA tras una anulación judicial, y su resultado podría sentar precedentes para otros aeropuertos sensibles al ruido como Dublín y Viena.








