
Francia ha comenzado 2026 con una de las reformas más importantes en su régimen migratorio en más de una década. Un decreto que entró en vigor el 1 de enero de 2026 obliga ahora a los solicitantes de la mayoría de los permisos de residencia plurianuales, tarjetas de residencia de 10 años y naturalizaciones a aprobar tanto un examen de francés (nivel mínimo A2 según el MCER) como una nueva prueba informática sobre los valores, instituciones e historia de la República. Estas medidas, publicadas en el Journal Officiel en Nochevieja, implementan disposiciones de la Ley de Inmigración 2024 que el gobierno definió como un esfuerzo para “reforzar la integración a través del idioma y el conocimiento cívico”.
Las nuevas normas más estrictas afectan a un amplio espectro de nacionales no comunitarios, incluidos empleados con contratos locales, beneficiarios de reagrupación familiar, emprendedores, profesionales autónomos e incluso titulares del Talento-Pasaporte altamente cualificados una vez alcanzada la etapa plurianual. Hasta ahora, la mayoría solo debía demostrar inscripción en clases gratuitas de francés de la OFII; la competencia real se evaluaba de forma informal en las citas en prefecturas. Bajo el nuevo sistema, los candidatos deben reservar los exámenes con proveedores autorizados y subir los certificados antes de que se pueda tramitar su expediente. El suspenso en cualquiera de las pruebas conlleva una tarjeta de “prueba” de un año, renovable solo una vez, prolongando la incertidumbre migratoria para quienes no alcanzan el nivel requerido.
VisaHQ, la plataforma global de servicios de visados e inmigración, puede ayudar a residentes extranjeros y empleadores a cumplir con estos nuevos requisitos. Su portal dedicado a Francia (https://www.visahq.com/france/) ofrece guías paso a paso para reservar los exámenes certificados de idioma y civismo, monitoriza la disponibilidad de citas y genera listas de documentos compartibles, reduciendo la carga administrativa y minimizando el riesgo de retrasos costosos.
Para los empleadores, el cambio implica plazos más largos y mayores costes de cumplimiento. Los equipos de RRHH deberán planificar la formación lingüística con mucha antelación, especialmente para trabajadores manuales o familiares con poca exposición al francés en el entorno laboral. Los asesores migratorios advierten que las prefecturas ya reportan retrasos debido a la alta demanda de plazas para los exámenes. Se recomienda a las empresas con grandes plantillas desplazadas reservar sesiones grupales e incluir clases de francés en los presupuestos de reubicación.
Los críticos argumentan que las normas pueden excluir a trabajadores bien integrados que hablan francés en el trabajo pero tienen dificultades con la gramática formal, mientras que los defensores sostienen que el dominio del idioma es clave para la cohesión social. Las primeras reacciones de cámaras empresariales son mixtas: las empresas tecnológicas aseguran poder asumir el reto, pero los sectores de construcción y hostelería temen perder personal experimentado. Los responsables de movilidad deben actualizar sus listas de verificación de inmediato, presupuestar entre 150 y 250 euros por examen y contemplar un margen de tres meses en los plazos de renovación.
De cara al futuro, el Ministerio del Interior ha insinuado que la validez de los permisos podría vincularse a la mejora continua del idioma, abriendo la puerta a que se exijan niveles superiores B1 o B2. Por ello, las multinacionales con operaciones en Francia deberían considerar los exámenes de 2026 como el primer paso de una tendencia a largo plazo hacia controles migratorios basados en competencias.
Las nuevas normas más estrictas afectan a un amplio espectro de nacionales no comunitarios, incluidos empleados con contratos locales, beneficiarios de reagrupación familiar, emprendedores, profesionales autónomos e incluso titulares del Talento-Pasaporte altamente cualificados una vez alcanzada la etapa plurianual. Hasta ahora, la mayoría solo debía demostrar inscripción en clases gratuitas de francés de la OFII; la competencia real se evaluaba de forma informal en las citas en prefecturas. Bajo el nuevo sistema, los candidatos deben reservar los exámenes con proveedores autorizados y subir los certificados antes de que se pueda tramitar su expediente. El suspenso en cualquiera de las pruebas conlleva una tarjeta de “prueba” de un año, renovable solo una vez, prolongando la incertidumbre migratoria para quienes no alcanzan el nivel requerido.
VisaHQ, la plataforma global de servicios de visados e inmigración, puede ayudar a residentes extranjeros y empleadores a cumplir con estos nuevos requisitos. Su portal dedicado a Francia (https://www.visahq.com/france/) ofrece guías paso a paso para reservar los exámenes certificados de idioma y civismo, monitoriza la disponibilidad de citas y genera listas de documentos compartibles, reduciendo la carga administrativa y minimizando el riesgo de retrasos costosos.
Para los empleadores, el cambio implica plazos más largos y mayores costes de cumplimiento. Los equipos de RRHH deberán planificar la formación lingüística con mucha antelación, especialmente para trabajadores manuales o familiares con poca exposición al francés en el entorno laboral. Los asesores migratorios advierten que las prefecturas ya reportan retrasos debido a la alta demanda de plazas para los exámenes. Se recomienda a las empresas con grandes plantillas desplazadas reservar sesiones grupales e incluir clases de francés en los presupuestos de reubicación.
Los críticos argumentan que las normas pueden excluir a trabajadores bien integrados que hablan francés en el trabajo pero tienen dificultades con la gramática formal, mientras que los defensores sostienen que el dominio del idioma es clave para la cohesión social. Las primeras reacciones de cámaras empresariales son mixtas: las empresas tecnológicas aseguran poder asumir el reto, pero los sectores de construcción y hostelería temen perder personal experimentado. Los responsables de movilidad deben actualizar sus listas de verificación de inmediato, presupuestar entre 150 y 250 euros por examen y contemplar un margen de tres meses en los plazos de renovación.
De cara al futuro, el Ministerio del Interior ha insinuado que la validez de los permisos podría vincularse a la mejora continua del idioma, abriendo la puerta a que se exijan niveles superiores B1 o B2. Por ello, las multinacionales con operaciones en Francia deberían considerar los exámenes de 2026 como el primer paso de una tendencia a largo plazo hacia controles migratorios basados en competencias.







