
La Ley de Memoria Democrática de España, diseñada para reparar el exilio de españoles durante el siglo XX, ha provocado un aumento sin precedentes en las solicitudes de nacionalidad. Según el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior (CGCEE), más de un millón de descendientes de emigrantes españoles ya han presentado su solicitud de ciudadanía, y otros 1,3 millones tienen citas programadas que los consulados están luchando por atender. El pico de esta avalancha se produjo en las semanas previas al plazo del 21 de octubre, saturando las 178 misiones que conforman la red consular global de España.
Según la ley, los nietos (y en algunos casos bisnietos) de españoles que huyeron por persecución política, ideológica, religiosa o por su orientación sexual o identidad de género pueden obtener la nacionalidad en un plazo de dos años, ampliable a tres. Aunque solo el 2 % de los más de un millón de expedientes tramitados hasta ahora han sido rechazados, la mitad aún espera su registro formal, lo que retrasa la emisión de pasaportes y números de identificación nacional necesarios para viajar y trabajar. El cuello de botella es más grave en América Latina: solo Argentina representa el 40 % de las solicitudes, mientras que La Habana, Ciudad de México y São Paulo manejan cada una cargas de trabajo de seis cifras.
Los diplomáticos advierten que esta carga de trabajo pone en riesgo otros servicios rutinarios, desde el registro de nacimientos hasta la emisión de documentos de viaje de emergencia. El CGCEE ha instado al gobierno a destinar personal de los 7,000 registros civiles de España, alquilar locales más grandes y externalizar tareas de entrada de datos para evitar retrasos de varios años. Un estudio de 2024 de la Asociación de Diplomáticos Españoles reveló que decenas de puestos ya operan al límite o por encima de su capacidad y que muchos no cumplen con las normas de salud y seguridad españolas, lo que subraya la urgencia de una inversión estructural.
Para las empresas, las consecuencias son palpables. Las multinacionales con talento latinoamericano dependen del pasaporte español para la movilidad dentro de la UE; los retrasos podrían posponer desplazamientos o forzar a los empleadores a buscar rutas alternativas para permisos de trabajo. Los despachos de abogados reportan un aumento en consultas sobre poderes notariales, servicios de mensajería y citas exprés, ya que los solicitantes buscan acortar los tiempos de espera. Aerolíneas y empresas de reubicación también anticipan una mayor demanda de billetes de ida y servicios de envío una vez que se resuelvan los trámites.
De cara al futuro, España podría ver crecer su diáspora de tres a cinco millones de ciudadanos en el extranjero, lo que mantendrá una demanda permanente sobre los servicios consulares. Las empresas con plantillas móviles deben estar atentas a futuros anuncios de personal y considerar tiempos adicionales en la planificación de asignaciones cuando sus empleados dependan de solicitudes de nacionalidad española para facilitar sus movimientos dentro de la UE.
Según la ley, los nietos (y en algunos casos bisnietos) de españoles que huyeron por persecución política, ideológica, religiosa o por su orientación sexual o identidad de género pueden obtener la nacionalidad en un plazo de dos años, ampliable a tres. Aunque solo el 2 % de los más de un millón de expedientes tramitados hasta ahora han sido rechazados, la mitad aún espera su registro formal, lo que retrasa la emisión de pasaportes y números de identificación nacional necesarios para viajar y trabajar. El cuello de botella es más grave en América Latina: solo Argentina representa el 40 % de las solicitudes, mientras que La Habana, Ciudad de México y São Paulo manejan cada una cargas de trabajo de seis cifras.
Los diplomáticos advierten que esta carga de trabajo pone en riesgo otros servicios rutinarios, desde el registro de nacimientos hasta la emisión de documentos de viaje de emergencia. El CGCEE ha instado al gobierno a destinar personal de los 7,000 registros civiles de España, alquilar locales más grandes y externalizar tareas de entrada de datos para evitar retrasos de varios años. Un estudio de 2024 de la Asociación de Diplomáticos Españoles reveló que decenas de puestos ya operan al límite o por encima de su capacidad y que muchos no cumplen con las normas de salud y seguridad españolas, lo que subraya la urgencia de una inversión estructural.
Para las empresas, las consecuencias son palpables. Las multinacionales con talento latinoamericano dependen del pasaporte español para la movilidad dentro de la UE; los retrasos podrían posponer desplazamientos o forzar a los empleadores a buscar rutas alternativas para permisos de trabajo. Los despachos de abogados reportan un aumento en consultas sobre poderes notariales, servicios de mensajería y citas exprés, ya que los solicitantes buscan acortar los tiempos de espera. Aerolíneas y empresas de reubicación también anticipan una mayor demanda de billetes de ida y servicios de envío una vez que se resuelvan los trámites.
De cara al futuro, España podría ver crecer su diáspora de tres a cinco millones de ciudadanos en el extranjero, lo que mantendrá una demanda permanente sobre los servicios consulares. Las empresas con plantillas móviles deben estar atentas a futuros anuncios de personal y considerar tiempos adicionales en la planificación de asignaciones cuando sus empleados dependan de solicitudes de nacionalidad española para facilitar sus movimientos dentro de la UE.
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