
Una huelga general nacional convocada por los sindicatos belgas paralizó aeropuertos, servicios ferroviarios y parte del sector público el 26 de noviembre, cancelando todas las salidas del Aeropuerto de Bruselas y más de la mitad de los vuelos entrantes. Ryanair, Aer Lingus y Brussels Airlines suspendieron sus vuelos a Dublín, mientras que Charleroi, otro importante centro de Ryanair, también detuvo sus operaciones.
Las agencias de gestión de viajes en Dublín reportaron un aumento en las llamadas, ya que los ejecutivos intentaban reprogramar reuniones con instituciones de la UE y sedes corporativas en Bruselas. La capacidad limitada a través de Ámsterdam, París o Frankfurt hizo que muchos encuentros se trasladaran a videoconferencias. Según las normas EU 261, las aerolíneas no están obligadas a compensar económicamente debido a que las huelgas se consideran “circunstancias extraordinarias”, aunque deben ofrecer reembolsos o cambios de ruta.
Los horarios normales se reanudaron a primera hora del 27 de noviembre, pero el incidente pone de manifiesto la vulnerabilidad de Europa ante conflictos laborales. Los gestores de movilidad con alto tráfico hacia Bruselas están revisando opciones de contingencia, incluyendo combinaciones flexibles de tren y avión vía Londres y París, y manteniendo un inventario de billetes de Eurostar.
Las empresas también están revisando los protocolos de evaluación de riesgos para viajes críticos, añadiendo alertas de seguimiento de huelgas en las plataformas de reservas y asesorando al personal sobre los procedimientos para reclamar gastos de alojamiento y comidas. Este episodio recuerda que incluso los itinerarios europeos de corta distancia requieren planes de respaldo sólidos.
Con los sindicatos belgas amenazando con nuevas acciones industriales por la indexación salarial a principios de 2026, las empresas irlandesas deberían planificar las fechas de viaje esenciales y minimizar las reservas no reembolsables.
Las agencias de gestión de viajes en Dublín reportaron un aumento en las llamadas, ya que los ejecutivos intentaban reprogramar reuniones con instituciones de la UE y sedes corporativas en Bruselas. La capacidad limitada a través de Ámsterdam, París o Frankfurt hizo que muchos encuentros se trasladaran a videoconferencias. Según las normas EU 261, las aerolíneas no están obligadas a compensar económicamente debido a que las huelgas se consideran “circunstancias extraordinarias”, aunque deben ofrecer reembolsos o cambios de ruta.
Los horarios normales se reanudaron a primera hora del 27 de noviembre, pero el incidente pone de manifiesto la vulnerabilidad de Europa ante conflictos laborales. Los gestores de movilidad con alto tráfico hacia Bruselas están revisando opciones de contingencia, incluyendo combinaciones flexibles de tren y avión vía Londres y París, y manteniendo un inventario de billetes de Eurostar.
Las empresas también están revisando los protocolos de evaluación de riesgos para viajes críticos, añadiendo alertas de seguimiento de huelgas en las plataformas de reservas y asesorando al personal sobre los procedimientos para reclamar gastos de alojamiento y comidas. Este episodio recuerda que incluso los itinerarios europeos de corta distancia requieren planes de respaldo sólidos.
Con los sindicatos belgas amenazando con nuevas acciones industriales por la indexación salarial a principios de 2026, las empresas irlandesas deberían planificar las fechas de viaje esenciales y minimizar las reservas no reembolsables.










