
Chipre y Líbano firmaron el 26 de noviembre un acuerdo histórico de delimitación marítima que finalmente ratifica la frontera de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) que ambos países delinearon por primera vez en 2007. Los presidentes Nikos Christodoulides y Joseph Aoun rubricaron el pacto en el Palacio de Baabda en Beirut, calificándolo como un “paso histórico” que abre la puerta a la exploración conjunta de energía offshore y sienta las bases para futuros proyectos de interconexión eléctrica.
El acuerdo de 2007 estuvo paralizado casi dos décadas debido a la inestabilidad política en Líbano y a disputas superpuestas con Israel y Siria. Su reactivación llega en un momento en que Beirut busca atraer inversión extranjera para reconstruir una economía golpeada por el colapso financiero de 2019. Por su parte, Chipre ve en la clarificación de la ZEE un impulso para sus aspiraciones de convertirse en un hub energético del Mediterráneo Oriental y fortalecer vínculos regionales más allá de la UE.
Para los actores de la movilidad global, una frontera formalizada aporta seguridad jurídica al personal de proyectos, contratistas marítimos y expatriados que podrían ser desplegados en plataformas de perforación exploratoria o misiones de cables submarinos. Abogados de inmigración señalan que las visas para especialistas técnicos que se desplacen entre ambos países deberían enfrentar ahora menos obstáculos, ya que ambos gobiernos se han comprometido a agilizar los permisos vinculados a proyectos energéticos.
Chipre también espera que el acuerdo respalde su candidatura para integrarse en el propuesto “Corredor de Energía y Materias Primas” de la UE, que conectaría Oriente Medio con Europa continental. De concretarse, esto aumentaría el flujo de ingenieros, gestores de proyectos y tripulaciones de servicios marítimos a través de puertos y aeropuertos chipriotas, reforzando el papel de la isla como punto estratégico para empresas multinacionales.
El acuerdo de 2007 estuvo paralizado casi dos décadas debido a la inestabilidad política en Líbano y a disputas superpuestas con Israel y Siria. Su reactivación llega en un momento en que Beirut busca atraer inversión extranjera para reconstruir una economía golpeada por el colapso financiero de 2019. Por su parte, Chipre ve en la clarificación de la ZEE un impulso para sus aspiraciones de convertirse en un hub energético del Mediterráneo Oriental y fortalecer vínculos regionales más allá de la UE.
Para los actores de la movilidad global, una frontera formalizada aporta seguridad jurídica al personal de proyectos, contratistas marítimos y expatriados que podrían ser desplegados en plataformas de perforación exploratoria o misiones de cables submarinos. Abogados de inmigración señalan que las visas para especialistas técnicos que se desplacen entre ambos países deberían enfrentar ahora menos obstáculos, ya que ambos gobiernos se han comprometido a agilizar los permisos vinculados a proyectos energéticos.
Chipre también espera que el acuerdo respalde su candidatura para integrarse en el propuesto “Corredor de Energía y Materias Primas” de la UE, que conectaría Oriente Medio con Europa continental. De concretarse, esto aumentaría el flujo de ingenieros, gestores de proyectos y tripulaciones de servicios marítimos a través de puertos y aeropuertos chipriotas, reforzando el papel de la isla como punto estratégico para empresas multinacionales.








