
Un estudio publicado esta mañana por el think-tank Funcas y recogido por The Local advierte que España necesitará 2,4 millones de trabajadores adicionales para 2035, solo para mantener la proporción actual de cotizantes por pensionista. Dado el decreciente número de trabajadores nativos, casi todos esos puestos se espera que sean ocupados por migrantes.
Los demógrafos dibujan un panorama preocupante: incluso con un empleo récord, la tasa de fertilidad en España, de 1,3 hijos por mujer, asegura una reducción de la fuerza laboral. A menos que la inmigración se acelere, la tasa de dependencia de personas mayores pasará del 34 % actual al 48 % en diez años, lo que tensionará el sistema de pensiones de reparto.
El informe plantea tres escenarios. En el ‘escenario base’, una inmigración neta anual de 240.000 mantiene la producción económica, pero eleva el gasto en pensiones al 16 % del PIB. En el ‘escenario de alta inmigración’ —con entradas netas de 350.000— la tasa de dependencia se estabiliza y el coste de las pensiones alcanza un máximo del 14,8 % del PIB, ahorrando 16.000 millones de euros anuales para 2035. Por el contrario, una baja inmigración provocaría un déficit anual de 40.000 millones.
Las recomendaciones políticas incluyen ampliar los permisos de trabajo vinculados a la formación, agilizar el reconocimiento de titulaciones extranjeras y lanzar un visado por puntos para sectores con escasez aguda (tecnologías de la información, enfermería, construcción sostenible). Las federaciones empresariales recibieron con agrado el análisis, señalando que las vacantes sin cubrir se han duplicado desde 2019, pese a que el desempleo sigue rondando el 11 %.
Para los equipos de movilidad global, los resultados anticipan una postura más favorable hacia la inmigración cualificada. Fuentes del Ministerio de Inclusión aseguran que se está preparando un paquete legislativo —apodado “Ley Talento”— para principios de 2026, con el objetivo de convertir a España en “una de las jurisdicciones más accesibles de Europa para contratar talento extracomunitario”.
Los demógrafos dibujan un panorama preocupante: incluso con un empleo récord, la tasa de fertilidad en España, de 1,3 hijos por mujer, asegura una reducción de la fuerza laboral. A menos que la inmigración se acelere, la tasa de dependencia de personas mayores pasará del 34 % actual al 48 % en diez años, lo que tensionará el sistema de pensiones de reparto.
El informe plantea tres escenarios. En el ‘escenario base’, una inmigración neta anual de 240.000 mantiene la producción económica, pero eleva el gasto en pensiones al 16 % del PIB. En el ‘escenario de alta inmigración’ —con entradas netas de 350.000— la tasa de dependencia se estabiliza y el coste de las pensiones alcanza un máximo del 14,8 % del PIB, ahorrando 16.000 millones de euros anuales para 2035. Por el contrario, una baja inmigración provocaría un déficit anual de 40.000 millones.
Las recomendaciones políticas incluyen ampliar los permisos de trabajo vinculados a la formación, agilizar el reconocimiento de titulaciones extranjeras y lanzar un visado por puntos para sectores con escasez aguda (tecnologías de la información, enfermería, construcción sostenible). Las federaciones empresariales recibieron con agrado el análisis, señalando que las vacantes sin cubrir se han duplicado desde 2019, pese a que el desempleo sigue rondando el 11 %.
Para los equipos de movilidad global, los resultados anticipan una postura más favorable hacia la inmigración cualificada. Fuentes del Ministerio de Inclusión aseguran que se está preparando un paquete legislativo —apodado “Ley Talento”— para principios de 2026, con el objetivo de convertir a España en “una de las jurisdicciones más accesibles de Europa para contratar talento extracomunitario”.
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